lunes, mayo 18, 2026

Robledo en valor (81). El Lisadero: Cuando un juego infantil esconde un pasado olvidado






En Robledo de Chavela, donde el granito asoma como una columna vertebral del paisaje y el viento parece arrastrar historias antiguas entre los pinos, hay una piedra que todos conocen. Una piedra humilde, cotidiana, casi doméstica. El Lisadero
Para muchos, no es más que un tobogán natural, un juego de infancia, un lugar donde la piel rozó la roca y la risa se mezcló con la emoción. Pero para quien se detiene a mirarla con calma, El Lisadero es algo más: un fragmento de memoria ancestral que ha sobrevivido, silencioso, a la erosión del tiempo y del olvido.
Situada en una de las zonas más altas del pueblo, frente al colegio Nuestra Señora de Navahonda, la piedra ofrece una panorámica amplia de Robledo. Desde allí, el pueblo parece extenderse como un cuenco de tejados rojos entre montes. Y justo en ese mirador natural, generaciones enteras han deslizado su infancia. ¿Cuántos niños y niñas han sentido en la piel la suavidad de ese granito pulido? ¿Cuántos han repetido, sin saberlo, un gesto que se remonta miles de años atrás. 


Porque El Lisad 
ero no es un capricho geológico ni una ocurrencia de algún vecino ingenioso. Forma parte de una constelación de más de 280 “peñas resbaladeras” repartidas por toda la Península Ibérica: en Extremadura, Galicia, Ávila, Zamora, Salamanca, Madrid, Toledo, Ciudad Real, Burgos y buena parte de Portugal. Todas comparten una morfología casi ritual: una superficie inclinada, entre 25º y 30º, y una acanaladura que no es obra del azar, sino del roce insistente de cuerpos humanos a lo largo de siglos.

Los estudios de etnógrafos como Martín Almagro-Gorbea, Paul Sébillot o Julio Esteban Ortega han permitido reconstruir una verdad que durante mucho tiempo permaneció oculta bajo capas de pudor, cristianización y silencio: estas piedras fueron lugares sagrados, peñas sacras de origen neolítico, vinculadas a antiguos ritos de fertilidad. En Francia, donde la tradición sobrevivió hasta el siglo XIX, se documentó con claridad: mujeres jóvenes se deslizaban sobre la roca para propiciar la fecundidad, en un gesto íntimo que unía el cuerpo femenino con la naturaleza de la roca.


En España, aunque los relatos se han desdibujado, aún quedan ecos. En el valle del Corneja, en Ávila, se considera que solo las niñas deben deslizarse por estas peñas. En Riofrío sobreviven expresiones tan directas como “¡Vete a la Ronchadera para que te embaraces!”. En Valdeobispo, en Cáceres, las mujeres estériles acudían a la resbaladera junto a la ermita de la Virgen de Valverde “en la creencia de que la fricción del vientre con la roca acabaría con la esterilidad”. Y en Burguillos del Cerro, el dicho “esta chica ha pasado por la piedra” era sinónimo de embarazo, o incluso cuando hoy en día se dice “Ha tenido un desliz” o “pasar por la piedra”

Son fragmentos dispersos, pero todos apuntan a un mismo origen: un rito antiguo, femenino, íntimo, que buscaba en la piedra la fuerza generadora de la naturaleza.

Robledo de Chavela también conserva su propio eco de ese pasado. La leyenda de “Las mujeres rientes de Robledo”, que ayudaban mediante artes mágicas a otras mujeres con problemas de fertilidad, parece hoy una historia fantástica, casi un cuento. Pero cuando se la coloca junto a la tradición de las peñas resbaladeras, adquiere un matiz distinto: el de una memoria transformada, reinterpretada, pero no extinguida.


Quizá El Lisadero no sea solo un tobogán natural.  Es un lugar donde la infancia contemporánea se cruza, sin saberlo, con los gestos de mujeres que vivieron hace miles de años. Un punto donde el juego y el rito se tocan, donde la risa de los niños resuena sobre una piedra que fue, en otro tiempo, escenario de deseos, miedos, esperanzas y vida.

Hoy, cuando alguien se desliza por su superficie pulida, repite un movimiento que ha atravesado generaciones. Y aunque ya no lo haga para pedir hijos a la tierra, el gesto conserva algo de su antigua solemnidad, como si la piedra —testigo paciente— guardara aún la vibración de aquellos cuerpos que la buscaron para dialogar con lo sagrado.

Quizá por eso, la próxima vez que nos deslicemos por El Lisadero, convenga hacerlo con un respeto distinto. No para renunciar al juego, sino para comprender que, bajo la risa, late un pasado remoto que sigue respirando entre las grietas del granito. Un pasado que nos recuerda que el paisaje no es solo un escenario: es un archivo vivo, una memoria que nos mira desde el silencio.

 

Peñas similares:



  Resbaladera de Aldea Moret, Cáceres




 



 Resbaladera de Ceclavín, Cáceres








 Ronchadera de Cilleros, Cáceres







 



Lancha resbaladera de Membrio, Cáceres






 


 

Resbaladera de Plasenzuela, Cáceres









Resbaladera de los Arcabuces Trujillo, Cáceres

 

 





 

Peña Resbaladiza  Almendralejo, Badajoz.






 



Peña Refalaera de Arroyo de San Servián, Badajoz






 



  

Resbaladera de Campanario, Badajoz





 




Resbaladera del Rodandero en Malpartida  de la Serena, Bdajoz


 

 

Luelmo no tiene una, tiene 3 peñas resbaladeras #resbalinasforever –  #Sayago #Zamora #España Todo sobre la comarca de Sayago   Piedra Refaliza de Usagre, Bdajoz


Autor: Vecino de Robledo de Chavela que desea guardar el anonimato


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